← Actualidad

Entrevistas 17 min de lectura

Inés Moreno (@latraumatologageek): “Me propongo convertir Granada en referencia nacional de divulgación médica”

Entrevistamos en #MujeresPTS a Inés Moreno Sánchez, más conocida por su labor de divulgadora médica en redes como @latraumatologageek.

Inés Moreno traumatóloga geek

Cuando me escribieron para participar en #MujeresPTS me quedé más sorprendida que cuando descubrí que Los Simpson predijeron la llegada de Trump. Me puse a buscar a las mujeres que habían participado antes. A algunas las conozco, como a Antonia Aránega, pero es que hay catedráticas, investigadoras, directivas… Me siento honrada. Se puede ser seria sin ser aburrida. Y si al final, mi historia puede inspirar a alguna chica que está dudando si hacerse científica, habrá merecido la pena.

– Para conocerte un poco mejor, háblanos de cómo ha sido tu carrera profesional, desde tu etapa formativa, y de tu bagaje profesional hasta tu ocupación actual

Mi carrera ha sido más zigzagueante que una carretera de montaña. Estudié en la Universidad de Granada, que es una maravilla porque no solo me dio una formación sólida, sino que me abrió la puerta a la aventura con prácticas y un Erasmus que me llevó a Italia y a mil lugares. Cada uno de ellos me dejó una enseñanza que llevo conmigo como un tesoro.

De Italia me traje un idioma maravilloso que ha cambiado mi manera de pensar y me abrió ventanas culturales. De Holanda, una sociedad cerrada pero que sabe valorar y premiar el trabajo duro, un ejemplo de disciplina. Bulgaria, un país modesto en recursos, pero con una gente trabajadora y orgullosa que me enseñó la fuerza del esfuerzo. En República Checa tuve mis primeros contactos serios con la traumatología, metida en quirófanos y siendo ayudante en mis primeras prótesis; fue el primer paso para poner los pies en el mundo de la cirugía. Y de Israel me traje la medicina de vanguardia mundial, con expertos de primera categoría que te hablan de tú a tú y enseñan que la innovación no tiene límites.

Después del MIR en Murcia, trabajé en Jaén y San Javier, y finalmente he podido volver a casa, que es el sitio donde siento que puedo aportar todo lo aprendido y seguir creciendo. Me considero una privilegiada por toda esta mezcla de experiencias que me han formado como profesional y como persona.

– ¿Tuviste una vocación temprana?

Ja, para nada. Estudié ingeniería de telecomunicaciones. Pero claro, crecí en una casa donde se respiraba salud – mi padre médico, mi madre farmacéutica – y al final me di cuenta de que estaba luchando contra mi propio ADN. El día que decidí cambiar de telecomunicaciones a medicina, mis padres se miraron como pensando “¡por fin!” pero no dijeron nada. Tardé años en darme cuenta de que habían estado esperando pacientemente a que llegara sola a esa conclusión

La traumatología me conquistó porque es ingeniería pura: calculas fuerzas, resistencias, planificas… La bóveda plantar se comporta como el mejor de los puentes, distribuyendo cargas con una eficiencia que ya quisieran los ingenieros. Nosotros en lugar de edificios, trabajamos con esqueletos que caminan… y se quejan cuando algo va mal.

Ahora, tras 10 años de experiencia y 600.000 seguidores en distintas redes sociales, puedo decir que esa combinación de ingeniería y medicina ha sido mi diferencia competitiva.

 – ¿Tuviste algún referente que te inspirara?

Mis padres, aunque no me diera cuenta hasta después. Ver su dedicación y pasión por ayudar a otros me marcó más de lo que creía, pero como buena adolescente rebelde, tardé en admitirlo.

Ahora tengo la suerte de trabajar con mujeres que son pura inspiración. Mi jefa actual es de esas personas que consiguen que todo funcione sin que te enteres de cómo lo hace (y bueno, nunca está de más quedar bien cuando puede tener el cuadrante de guardias delante). Pero es que tengo compañeras que son ejemplos de autosuperación, otras que consiguen ser madres y organizadoras sin perder la cordura (o al menos sin que se les note…).

Lo que me flipa es que en Granada tenemos un montón de mujeres liderando en traumatología. Vamos, que solo uno de cada diez servicios en España tiene jefa mujer. Tener referentes tan cerca, en tu propio hospital, te cambia la cabeza respecto a lo que es posible.

– ¿Cómo imaginabas que sería tu vida profesional y cómo ha sido tu andadura como mujer en el ámbito STEM?

Como mujer siempre he sido minoría, primero en telecomunicaciones y después en traumatología. La medicina se ha ido feminizando con el tiempo. Ya somos mayoría. Es un cambio impresionante si pensamos que hace décadas éramos una minoría absoluta.

Pero es verdad que hay ciertos reductos como la Traumatología donde esta feminización se está haciendo esperar mucho más. Seguimos a la cola junto con Neurocirugía, Urología o Vascular. No te puedes imaginar la de veces que me han preguntado si estaba segura de que quería hacer Traumatología.

Ahora tengo la suerte de trabajar con mujeres que son pura inspiración

«¿No te va a hacer falta fuerza?» me decían. Y yo pensaba: «Claro, porque operar es como mover pianos…». Y resulta que las mujeres tenemos ventajas anatómicas: manos más pequeñas para cirugías delicadas y menor masa muscular. No hace falta ser la más fuerte físicamente, sino la más inteligente técnicamente. La cirugía moderna es precisión, no fuerza. La artroscopia, la cirugía mínimamente invasiva, la microcirugía… todo requiere destreza, no músculo.

Creo que estamos en un momento de cambio. Cada vez más mujeres eligen traumatología, y cuando ven que es posible, se animan más. El San Cecilio es un buen ejemplo. Tenemos una representación femenina sólida en el servicio que demuestra que aportamos valor diferencial.

– ¿Qué desafíos has enfrentado en tu carrera y cómo los ha superado?

Sinceramente, convencerme a mí misma de que merecía estar donde estoy. Cuando estás en un entorno “de hombres” siempre sientes que tienes que demostrar el doble, ser más perfecta, cometer menos errores. Al final es una exigencia que nace de tu cabeza.

Lo he superado centrándome en el trabajo y los resultados. Los huesos no entienden de géneros: o se curan bien o no. Y al final, los pacientes agradecidos no preguntan si eres hombre o mujer, solo si les has solucionado el problema.

Las redes sociales me han dado un alcance que no esperaba, pero también me han traído desafíos específicos como mujer. Se nos trata de manera diferente. Cuando hablo a divulgadores masculinos, ellos no tienen que soportar mensajes que hablan de su aspecto. Yo recibo un montón de mensajes que hablan de mi físico en lugar de mi contenido científico. Prefiero ignorarlos. Tengo la esperanza de que con el tiempo dejaremos de recibirlos. Lo único que transmiten es cosificación.

Es frustrante que mientras explicas historia o medicina, algunos comentarios se centren en todo menos en la ciencia. Pero creo que es importante mantenerse firme y seguir divulgando. Cada vez que una mujer científica ocupa espacio en redes, normaliza nuestra presencia en estos campos.

– ¿Qué cambios cree que son necesarios para mejorar la participación y liderazgo femenino en las áreas científicas y tecnológicas?

Hay que cambiar el discurso desde pequeñas. Dejar de preguntar a las niñas si «están seguras» de que quieren hacer ingeniería o traumatología, como si fuera una decisión más transcendental que elegir el color del iPhone.

Es hora de que reconozcamos que las mujeres tenemos virtudes que son clave en la medicina que está por venir, sobre todo en traumatología. No se trata de la fuerza bruta, que ya sabemos que eso es cosa pasada, sino de destreza, precisión y cabeza fría. Las manos pequeñas y la técnica depurada no son una desventaja, son una ventaja brutal.

Creo que estamos en un momento de cambio. Cada vez más mujeres eligen traumatología

Pero ojo, queda muchísimo camino por recorrer. El tema del aspecto físico sigue siendo una losa que pesa más sobre nosotras que sobre ellos, hablo de esa absurda atención que se nos presta por cómo somos o cómo nos ven, en lugar de lo que hacemos. Eso condiciona mucho más de lo que parece. Con trabajo duro, con constancia, seguiremos rompiendo moldes. Pero la sociedad entera tiene que espabilar y dejar de fijarse en estereotipos para valorar lo realmente importante: el talento, la inteligencia y el compromiso. Mientras tanto, nos toca a nosotras seguir peleando desde dentro, hablando claro, y plantando cara.

– ¿Qué consejo darías a aquellas personas interesadas en desarrollar una carrera científica?

Que no se rindan, que hay que ir a por todas.

La única diferencia entre los que consiguen cosas y los que no, es intentarlo. Las veces que haga falta. Que se lo digan a Edison, que necesitó mil intentos para la bombilla. O a Cristiano, que se quedaba tirando penaltis cuando ya habían apagado las luces del campo.

No hace falta ser la más lista de la clase, solo tener ganas y constancia. Y, sobre todo, que no tengan miedo al fracaso. Yo cambié de carrera y fue lo mejor que me pasó. Mi «fracaso» en ingeniería ahora es mi mayor ventaja en traumatología. El fracaso es parte del aprendizaje.

– ¿Qué logros o aspectos de tu carrera destacarías como más significativos o relevantes?

Haber perdido el miedo. Me atreví a cambiar cuando no me sentía cómoda, me atreví a especializarme en algo «diferente» para mujeres y me he atrevido a contar lo que sé, a riesgo de hacer el ridículo o tener una edición de Todo a Cien.

El salto a redes ha sido inesperado pero muy gratificante. Poder educar y desmitificar la traumatología. Conseguir que tantas personas entiendan conceptos médicos complejos, recibir mensajes de estudiantes que dicen haberse animado a hacer medicina por mi contenido, o que pacientes lleguen más informados a consulta, eso sí son métricas de impacto real

– ¿Qué es lo que más te apasiona de tu labor? ¿Y lo más complejo?

Lo que más me apasiona es un paciente agradecido. Sentir que cambias la vida de alguien, no necesariamente en el quirófano, a veces solo teniendo una conversación honesta. Es lo más satisfactorio del mundo. Ver a una señora que vuelve a hacer tortilla española después de una fractura de muñeca… esos momentos te recuerdan por qué elegiste esto.

Lo más complejo son las lesiones catastróficas que vemos en urgencias y que terminan en amputación. Llega un chaval de 20 años que hace dos horas estaba ligando en una discoteca y ahora tiene que aprender a vivir cojeando. O algunos casos donde haces todo bien y desarrollan una complicación grave simplemente porque toca, porque estadísticamente tiene que pasar. Esos son los pacientes que te llevas a casa. Hay noches que cuesta dormir, que te quedas dándole vueltas a si podrías haber hecho algo diferente.

Con el tiempo aprendes que la medicina no es infalible, que hay variables que escapan a nuestro control. Pero nunca te acostumbras del todo. Creo que es bueno que sea así, porque el día que deje de dolerme será el día que deje de importarme de verdad.

– ¿Cómo equilibras tu vida profesional con tu vida personal?

Con malabarismos. Mi agenda está más llena que el metro en hora punta, pero he aprendido a gestionarla como una cirugía: planificación y adaptación sobre la marcha.

Mi secreto es trabajar por bloques: quirófano y consulta por las mañanas, contenido para redes los fines de semana en producción intensiva, y las tardes de viernes son sagradas para las tapas. He descubierto que proteger ciertos momentos es clave para no volverme loca.

Algunos días llego a casa y mi nevera me saluda con dos yogures caducados y un bote de guacamole sospechoso. Esos días activo el «protocolo mamá» (gracias, por cierto) o me lanzo a por comida a domicilio de Granada. Me prometo que mañana seré más organizada. Spoiler: no siempre funciona

He aceptado que no puedo ser la reina de la organización doméstica y la traumatóloga geek a la vez… y oye, que no pasa nada por elegir prioridades. Lo importante es que cuando desconecto, desconecto de verdad. Y cuando estoy en modo trabajo, doy el 100%

– ¿Participas o formas parte de algún tipo de actividad de divulgación científica? ¿Qué opinión o importancia le otorgas a estas?

Siempre me ha gustado divulgar. Fui monitora de prácticas de anatomía, trabajé en el Parque de las Ciencias, tutora de residentes… En el Parque de las Ciencias explicaba a niños cómo funcionaban los huesos. Recuerdo que un niño de unos 6 años me preguntó si los esqueletos del parque tenían frío. Ahí supe que la divulgación era lo mío: hacer las cosas simples, claras y accesibles para todos.

Conseguir aparecer en tantas pantallas ha sido como cumplir un sueño. Poder compartir espacio y aprender de los referentes de la divulgación científica. Toda la vida viendo a gente en la tele y por fin, cuando los conoces en persona, cercanos, compartiendo la misma pasión. La divulgación me ha dado mucho más que eso: me ha regalado respeto, tanto de pacientes como de compañeros, que valoran que hable claro y con rigor.

Tenemos el ecosistema perfecto: universidad, hospital, empresas y una comunidad científica que solo necesita más visibilidad

Para mí, la divulgación es una obligación y un privilegio. La ciencia no puede ser cosa solo de especialistas en bata blanca; se la debemos a los pacientes, para que entiendan y confíen en su tratamiento.

Y a las niñas que dudan si hacerse científicas o no. Es fundamental mostrarles que la ciencia es un mundo abierto, emocionante, donde tienen cabida y pueden cambiarlo todo. Hay que lanzarse, sin miedo al qué dirán ni a equivocarse.

– ¿Qué te aporta y cuál es tu valoración del ecosistema de innovación y transferencia de conocimiento que es PTS Granada?

Granada es un pequeño paraíso científico que no sabemos valorar lo suficiente. Tienes una Universidad de primer nivel, el Hospital Clínico que es referencia, el Parque Tecnológico lleno de empresas punteras… Trabajamos con fármacos que se desarrollan a ¿qué? ¿dos kilómetros de distancia? ¿Cuántos hospitales tienen eso?

Recientemente, los compañeros del servicio organizaron un curso de microcirugía en IAVANTE que fue brutal: ponentes internacionales, trabajo con cadáveres, técnicas de vanguardia… Al nivel de los mejores simposios europeos. Pero claro, sin grandes patrocinadores ni campañas de marketing, pasa desapercibido. Es el problema de Granada: hacemos cosas increíbles, pero nos falta vendernos mejor.

Lo que me propongo es convertir Granada en referencia nacional de divulgación médica. Es ambicioso, pero hay que serlo en esta vida. Tenemos el ecosistema perfecto: universidad, hospital, empresas y una comunidad científica que solo necesita más visibilidad. Mi objetivo es que cuando alguien piense en comunicación médica innovadora, piense en Granada

– ¿Cómo es trabajar en nuestra región, qué singularidades señalarías de PTS Granada?

Vale, voy a confesarlo: tengo sesgo. Soy de Granada y tuve que largarme un tiempo fuera. Ahora disfruto del ambiente, la gastronomía, y por supuesto, las montañas que rodean la ciudad.

Pero trabajar aquí va más allá de las tapas legendarias de los viernes. El PTS es el primer parque tecnológico especializado en salud de España ¡que se dice pronto!

En Granada tenemos un montón de mujeres liderando en traumatología y tener referentes tan cerca te cambia la cabeza

Para un traumatólogo, esto significa casuística única de Sierra Nevada: fracturas de pelvis tras caídas en la nieve, rescates en helicóptero, montañeros, fracturas de cadera en «plastiqueros» que se lanzan sin control por las pendientes… El San Cecilio es el centro de referencia de toda la traumatología de montaña del sur. El GREIM (Grupo de Rescate e Intervención en Montaña) nos trae los casos. Esos profesionales arriesgan su piel cada vez que van a por los imprudentes, novatos o aventureros mal preparados. No tenemos dos días iguales: es un entrenamiento constante para cuerpo y mente.

Mis compañeros son lo más. Siempre dispuestos a echar una mano, aunque todavía no he conseguido que rueden ni un solo vídeo conmigo… jajaja. Las tapas de los viernes siguen siendo épicas: buena gente, comida deliciosa y precios que no arruinan. Igual la cirugía no todo lo cura, pero compañía y unas risas seguro que sí.

                – ¿Cómo ves el futuro en tu área/especialidad? ¿Qué innovaciones esperas ver en los próximos años?

Pues mira, la traumatología está entrando en la era de la ciencia ficción. Tenemos terapias regenerativas que son como darles superpoderes a los tejidos: plasma rico en plaquetas, células madre y demás brebajes que son magia molecular. Esto va a cambiar la historia.

Y ojo, que la robótica y la inteligencia artificial ya no son cosas de pelis futuristas, están aquí para quedarse y ayudarnos a ser mejores cirujanos: planificaciones quirúrgicas milimétricas, operaciones que parecen hechas por un videojuego. Y para que no nos quedemos en la era del joystick tradicional, la realidad aumentada. Las impresoras 3D no solo sirven para hacer figuritas, sino que fabrican guías personalizadas, perfectas para cada hueso y articulación. Esto es medicina 4.0.

Y lo mejor es que las mujeres tenemos un papel brutal. Gracias a nuestra precisión, perseverancia y nuestras ganas de darle la vuelta a lo establecido, estamos liderando el cambio. En el quirófano y también en las redes explicando sin dejarnos intimidar por el “bua bua” de siempre. El futuro es nuestro y de la “traumatología geek”.

                – ¿Cuál es tu visión del presente y perspectivas de futuro del sector de las ciencias de la vida y la salud en Granada y en Andalucía?

Pues creo que tenemos que espabilar ya, porque si no nos comen la tostada. Estamos en plena revolución tecnológica y sanitaria, y aunque aquí ya tenemos cosas guays como la resonancia magnética en quirófano (que no es poco), todavía nos falta dar el salto a la cirugía navegada. Esa sí que es para marcarnos un 10, porque va a transformar cómo operamos, haciéndolo con precisión y sin margen para el despiste.

Estos cambios han venido para quedarse, así que o los incorporamos pronto o el tren nos va a dejar en la estación. Eso sí, hace falta inversión y, sobre todo, ganas. Porque la curva de aprendizaje es más empinada que subir Sierra Nevada en bici. Los tres primeros pacientes que operas con estas nuevas tecnologías te consumen el triple de tiempo, y parece que vas a morir en el intento. Pero cuando le pillas el truco, los resultados son mil veces más rápidos y precisos, y el paciente te lo agradece. Granada tiene todo para ser punta de lanza en estos avances. Así que, ojo, tenemos el guion, la cámara y la intención; solo falta darle al “play” para divulgar lo que hacemos.

Noticias relacionadas

Ver todas

Últimas noticias

Ver todas
Volver arriba

Accesos directos

Ver la web Versión base Versión completa Colores A B C