Conocemos hoy en nuestra sección #MujeresPTS a Rosario Fernández Godino, doctora en Genética y Biología Celular, y responsable del área de Screening y Validación de Dianas de la Fundación MEDINA desde hace 3 años. Su carrera se desarrolló anteriormente en Boston, donde estuvo 11 años, 10 de ellos en Harvard University (Mass Eye and Ear, Boston, USA), donde fue Assistant Professor e investigadora principal en oftalmología, liderando proyectos de investigación en degeneración macular. El último año fue directora del Departamento de Retina Drug Discovery en una empresa biotecnológica que desarrolla terapia génica no viral (Intergalactic Therapeutics, Boston, USA).
– ¿Tuviste una vocación temprana?
Mi curiosidad por la fisiopatología fue temprana, pero de pequeña quería ser veterinaria. No tenía “role models” a mi alrededor, y entre mi familia y amigos nadie tenía una carrera universitaria. Fue ya en la universidad donde descubrí lo apasionante que podía llegar a ser el mundo de la investigación.
– ¿Tuviste algún referente que te inspirara?
No hasta la etapa postdoctoral, donde tuve la gran suerte de trabajar con el profesor Shomi Bhattacharya, en Sevilla, que fue mi primer mentor y un gran referente científico. Después en Boston trabajé con científicos de renombre como Eric Pierce, que fue decisivo en mi éxito profesional.
– ¿Cómo imaginabas que sería tu vida profesional y cómo ha sido tu andadura como mujer en el ámbito STEM?
Los comienzos nunca son fáciles, sobre todo en España, donde la investigación estaba bastante infravalorada hace una década. No imaginé que tendría que irme de mi país durante 11 años, pero ha sido también una experiencia vital que me ha abierto los ojos y la mente. Ahora ya no me asusta la inestabilidad laboral. El éxito depende, en parte, de lo que estés dispuesto a sacrificar por él.
La carrera científica es una carrera de fondo que conlleva sacrificios
Ser mujer en esta carrera no ha sido sencillo, sobre todo teniendo en cuenta que debuté como madre en EEUU, donde no existía la baja por maternidad. Durante las 8 semanas que falté al laboratorio tras tener a mi hija no dejé de trabajar en un artículo que tenía entre manos. Después me incorporé dejando un bebé de pocos meses en la escuela infantil, y alguna vez la he tenido que llevar al laboratorio durante el fin de semana. Era el precio a pagar si quería progresar y no quedarme atrás. Tampoco me ha supuesto ningún trauma, creo que todo es factible con ganas y esfuerzo, y mi hija está orgullosa de tener una madre científica que es referente para otras mujeres. Además, mi pareja y yo compartimos tareas y responsabilidades al 50%, si no, sería inviable. Este es un ejemplo importante también, no hay nada como educar en el contexto de lo que quieres inculcar.
– ¿Qué desafíos has enfrentado en tu carrera y cómo los ha superado?
Las decisiones al comienzo de mi carrera no siempre fueron acertadas, la falta de mentores que pudieran aconsejarme hizo que diera bastantes tumbos al principio. Además, como mujer nacida en un pueblo pequeño, se esperaba de mí que me dedicase a formar una familia y no a perseguir una carrera de éxito. Así que he tenido que luchar toda la vida por la comprensión de los demás y he recibido muchísimas críticas, sobre todo durante la etapa como madre. Por suerte, tengo una personalidad fuerte y siempre he contado con el apoyo incondicional de mis padres y hermanos.
Otro gran desafío fue trabajar en la cultura americana, en un idioma diferente al mío, pero sobre todo con costumbres muy distintas. Tardé tiempo en comprender cómo funcionaban las cosas allí y lo que se esperaba de mí. Eso sí, salí muy bien preparada para liderar un equipo usando la empatía y la asertividad.
– ¿Qué cambios cree que son necesarios para mejorar la participación y liderazgo femenino en las áreas científicas y tecnológicas?
Creo que es muy importante reforzar la seguridad en una misma. Es clave que, desde pequeñas, las niñas sientan que su opinión importa y que tienen derecho a elegir. Que aprendan a defender sus ideas con argumentos sólidos y promover el pensamiento crítico, sobre todo durante la adolescencia. Para formar líderes, el sistema educativo tiene que cambiar, dejar de forzar a los jóvenes a encajar en perfiles ya establecidos y animarlos a trazar su propio camino, a encontrar qué es aquello en lo que destacan y cómo pulirlo para brillar en el ámbito profesional. También es imprescindible desmitificar los roles de género en las distintas profesiones. En la pirámide científica hay muchas mujeres en la base, pero los puestos importantes suelen estar cubiertos por hombres. Esto no sólo se debe a los periodos de maternidad, sino a la sociedad en la que vivimos, donde a las mujeres se nos sigue considerando débiles o insuficientes. Para cambiar esta percepción, hay que educar a los niños y niñas en el respeto y la igualdad, empezando por dar ejemplo en casa y en los colegios.
Es clave que, desde pequeñas, las niñas sientan que su opinión importa y tienen derecho a elegir
También es importante incrementar la educación en ciencia y tecnología desde edades tempranas, y poner en contexto los avances tecnológicos y la importancia de la investigación y el desarrollo. Hay que evolucionar con el mundo en el que vivimos, entendiendo que cada generación se enfrenta a nuevos desafíos que antes no existían y que a menudo suponen la creación de nuevas herramientas y estrategias para poder superarlos.
– ¿Qué consejo darías a aquellas personas interesadas en desarrollar una carrera científica?
Que no pretendan conseguir el trabajo de sus sueños de un día para otro, ya que la carrera científica es una carrera de fondo que conlleva sacrificios. Hay que ser constante y no desesperar, sobre todo cuando un proyecto no sale o te rechazan un artículo. Es parte de la formación como científico, hay que aprender a controlar el ego y trabajar la proactividad y la constancia. Y también hay que saber escoger el grupo de trabajo, los mentores y los proyectos, y saber cambiar cuando algo no funciona. Es un error querer estar en el mismo lugar para siempre, ya que es imposible aprender y evolucionar si no conoces formas de trabajo diferentes y ambientes diversos. Completar la formación con la experiencia internacional es muy positivo, aunque sea por un periodo corto de tiempo, ya que permite ampliar miras y tener expectativas realistas.
– ¿Qué logros o aspectos de tu carrera destacarías como más significativos o relevantes?
Mi logro más significativo fue llegar a la posición de Assistant profesor en Harvard Medical School antes de cumplir los 40, ya que sólo el 2% de los 5000 investigadores postdoctorales que llegan cada año lo consiguen. Anterior a eso, también conseguí que Harvard me esponsorizara la green card mediante la vía “oustanding”, que confiere el permiso de residencia a profesionales excepcionales en un campo determinado, como el científico, y que representa sólo el 3% del millón de green cards expedidas cada año. Para eso, además del apoyo de Harvard, conté con cartas de apoyo de investigadores de todo Estados Unidos, que seguían mi trabajo, pero no me conocían personalmente.
– ¿Qué es lo que más te apasiona de tu labor? ¿Y lo más complejo?
Lo que más me apasiona de mi trabajo es el descubrimiento. Es apasionante descubrir cómo funciona el cuerpo humano, qué fallos se asocian a determinadas patologías a nivel molecular y celular, y cómo utilizar ese conocimiento como guía para diseñar nuevas terapias. Lo más difícil es todo lo que aún no sabemos y la complejidad de los sistemas biológicos. Para ello, el desarrollo de nuevas tecnologías es clave, pero nada de esto se puede conseguir sin financiación, y esta es la parte más dura, sobre todo en España. Para llegar a un acierto, hay que pasar antes por muchos errores, y eso lleva tiempo y recursos. Cuantos más recursos tenemos, más rápido podemos trabajar. Creo que quedó bastante patente con el desarrollo acelerado de las vacunas que nos permitieron superar la pandemia.
– ¿Cómo equilibras tu vida profesional con tu vida personal?
En general trato de ser eficiente y planificarme de forma que pueda cumplir con las entregas, tareas y reuniones dejando tiempo para hacer deporte y estar con mi familia. Hasta ahora lo he ido consiguiendo, aunque hay periodos más demandantes. En esos casos, tengo la suerte de contar con una pareja que me apoya y que comprende que a veces tengo que viajar o trabajar durante muchas horas seguidas, incluyendo noches o fines de semana, y él tiene que hacerse cargo de lo demás.
– ¿Participas o formas parte de algún tipo de actividad de divulgación científica? ¿Qué opinión o importancia le otorgas a estas?
He ido en numerosas ocasiones a dar charlas a centros de primaria y secundaria, donde me gusta inspirar a las nuevas generaciones y mostrarles el lado fascinante de la ciencia. Es desalentador comprobar que muchos niños tienen como única meta llegar a ser futbolistas de élite o influencers. Ven el éxito en ganar mucho dinero y se generan expectativas que van a terminar en frustración y conformismo la mayor parte de las veces. Creo que es trabajo de las familias y de la sociedad en general inculcar otros valores a las nuevas generaciones, y dar visibilidad a la labor científica y a otras profesiones que son fundamentales para que España se posicione en un lugar relevante en el mundo. Es importante contextualizar los avances tecnológicos y que el público general comprenda el impacto de la ciencia en la sociedad y por qué sin ciencia no hay futuro.
El PTS es un recinto único en España, ya que integra tanto actividad docente como sanitaria, investigación y empresas
– ¿Qué te aporta y cuál es tu valoración del ecosistema de innovación y transferencia de conocimiento que es PTS Granada?
Tengo el privilegio de pertenecer a la Fundación MEDINA, que se encuadra en el ecosistema innovador del PTS de Granada. Esto facilita colaboraciones multidisciplinares entre grupos universitarios, centros del CSIC, empresas, etc., ofreciendo una red única de trabajo que me ha permitido reconectar con España de una forma muy positiva. Ya que, a diferencia de los Estados Unidos, las relaciones interpersonales en España son un cultivo enriquecido para la evolución profesional. Aquí somos capaces de superar el aspecto competitivo para unir fuerzas y crear proyectos con pocos recursos. Además, trabajamos con ayuda de la Fundación PTS para propulsar la carrera profesional de los jóvenes científicos, creando programas como el de mentorazgo promovido por Granada Salud, del que formo parte como mentora.
– ¿Cómo es trabajar en nuestra región, qué singularidades señalarías de PTS Granada?
Yo soy madrileña y he trabajado y vivido en Madrid, Sevilla, Boston y Granada. Sin duda, me quedo con Granada. Es una ciudad preciosa con mucho que ofrecer, más allá de la cultura y la gastronomía. Además, el PTS es un recinto único en España, ya que integra tanto actividades docentes como sanitarias, investigación y empresas, lo que sin duda contribuye a promover el avance de la tecnología en el ámbito de la salud de una forma mucho más eficaz y favorece la atracción de talento internacional.

